Si partimos desde la historia de la educación, siempre hemos pasado por diversos cambios tecnológicos, en 1988, profesores de matemáticas protestaban contra el uso temprano de la calculadora, en los años 2000, profesores protestaban contra el internet. Hoy, en pleno 2025, vivimos un nuevo capítulo: la inquietud mundial por el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la educación.
Estas inquietudes no son nuevas. Cada avance tecnológico transforma la manera de enseñar y aprender, obligando al sistema educativo a adaptarse. Por eso, cabe resaltar que la tecnología se transforma, pero el ser humano la adapta. En ese orden de ideas, el campo educativo ha pasado por varias revoluciones tecnológicas, donde hoy por hoy la IA se ha implementado tanto que existen plataformas que corrigen textos en segundos, chatbots que explican conceptos complejos y sistemas que personalizan el aprendizaje. Pero, más que reemplazar al docente, estas innovaciones están reduciendo los procesos académicos, y liberando tiempo.
Esta perspectiva nos invita a reconocer que la tecnología puede amplificar nuestras capacidades, pero nunca reemplazar el arte, conocimiento, el juicio ético, la creatividad y el lenguaje.
Basado en lo anterior, el escritor Jorge Luis Borges, menciona: “debemos manejar la inteligencia artificial como una extraordinaria herramienta que puede potenciar la inteligencia humana y no sustituir aquello que nos ayuda a desarrollar lo propiamente humano.”
Retos actuales de la IA
Uno de los principales temores en el ámbito educativo es el plagio. Sin embargo, más que combatir la IA con prohibiciones, el desafío está en orientar a los estudiantes y a los docentes para usarla correctamente. Esto implica enseñarles a:
- Entender sus límites.
- Verla como apoyo, no sustituto.
- Verificar la información.
- Usarla con ética y responsabilidad.
En conclusión, la IA no sustituye la esencia humana, sino que la complementa. La IA podrá automatizar las tareas, pero no podrá reemplazar la pasión de aprender ni la vocación de enseñar. Por eso hoy en día el aprendizaje se vuelve un acto personal: nace del deseo de comprender, de la curiosidad, del propósito. La IA puede facilitar el camino, pero siempre la humanidad seguirá siendo el centro de la educación.
By: Tatiana Rivas